El centauro bicéfalo

Allá entre las cavernas y bosques, entre el terreno de los animales silvestres y seres fantásticos nocturnos, vivía un centauro, pero que además debido a un conjuro mágico lo habían vuelto bicéfalo. Y con aquellas dos cabezas le fue difícil coordinarse al principio. Sin embargo, con la práctica llegó a sobrellevar su castigo. Y hasta llegó a decir:

-Dos cabezas piensan mejor que una.

Convencido que estaba llevando una vida normal, fue a ver a Fen, el monje de las siete leguas, quien era llamado así por la distancia que acarreaba encontrarlo en sus territorios. Y una vez que yendo a todo galope y balanceando ambas cabezas, lo encontró, no desaprovechó pedirle que deshiciera el conjuro, ya que no soportaba las burlas de los seres fantásticos que se topaban con él y hasta le parecía que las cascadas se mofaban.

-Por favor monje, líbrame de esta maldición –le decía el centauro bicéfalo.

-Muy bien centauro. Desharé el conjuro, pero a cambio tendrás que hacerme un favor –le respondió el monje.

-Lo que sea señor de las siete leguas.

-Bueno, lo que deseo que hagas es que me traigas a la noche en una botella. Y al día en otra –enfatizó el monje, ante la sorpresa del centauro.

-Pero mi señor. ¿Qué me estás pidiendo? ¡Eso es imposible! –sostuvo el centauro, viendo sonreír como nunca a aquel villano de las siete leguas.

De modo que sin más cuestionamientos, el bicéfalo se despidió y se fue. Al tercer día, el centauro volvió ante el monje. Y le preguntó que si importaba en qué momento le mostraba ambas botellas. Y el monje contestó que no importaba. Que le mostrara las botellas a la hora que deseara. Fue entonces que el centauro se volvió a despedir y no se supo de él durante un año. Regresando justo en el día bisiesto y sonriendo, miró en el rostro al monje y le dijo:

-Jajaja me pediste dos cosas imposibles que hacer. Jajaja por más que pensé a pesar de mis dos cabezas no hallé la forma de contener el día y la noche en sendas botellas. Sin embargo, al igual que en todas partes no hay ser único en su oficio. Así que busqué por todas las tierras a algún hechicero, faltando poco para completarse el año desde que partí. Conocí a otro monje que vivía allá a lo lejos, detrás de las montañas. Su nombre es Xen, y dijo ser tu padre, Fen.

El monje de las siete leguas, Fen, se asombró de saber de su padre y que le haya ayudado al centauro.

-Entonces, mi padre Xen te libró de tu maldición. Y puedo saber qué te pidió como favor.

-Fue sencillo. Pidió que le entregara un retrato tuyo.

-Pero si a mí jamás me han retratado.

-Lo sé, pero como él no especificó el lienzo. Le hice ver tu semblante en unas nubes que pasaban cerca. Y al verlas, me confirmó que efectivamente estaba viendo tu rostro. Es por ello que ahora me ves con una sola cabeza. Tu padre te extraña y fue tu recuerdo quien me quitó la maldición.

-Gracias centauro, pero dime… dónde encontraste a Xen, mi padre.

-Con gusto te lo diré pero primero un favor…

El Emperador de Jade

(Mitología China)

También llamado Augusto de Jade, es el gobernante del cielo según la mitología china y uno de los más importantes dioses del panteón taoísta. También es conocido por otros nombres más ceremoniosos que se podrían traducir como Emperador Augusto de Jade, (Yù Huáng Shàngdì) o Gran Emperador Augusto de Jade (Yù Huáng Dàdì).  Los niños le llaman Abuelo Celestial (Tiān Gōng)

El Emperador de Jade gobierna sobre el cielo y la tierra del mismo modo que los emperadores terrenales gobernaron un día sobre China. Él y su corte son parte de la burocracia celestial que, a imitación de la de la antigua China, gobierna sobre todos los aspectos de la vida humana. Desde el siglo IX fue también el patrón de la familia imperial.

Un cráter de Rea, una luna del planeta Saturno descubierta por la sonda espacial Voyager 2, fue bautizado con el nombre del Emperador de Jade.

Ptah

(Mitología Egipcia)

“Señor de la magia”, era un dios creador en la mitología egipcia. “Maestro constructor”, inventor de la albañilería, patrón de los arquitectos y artesanos. Se le atribuía también poder sanador.

El dios tenía forma de hombrecillo con barba recta (los demás dioses egipcios la llevan curva), envuelto en un sudario, con un casquete en la cabeza, el collar menat, el cetro uas con el pilar Dyed y el Ani; también estaba sobre un pedestal, símbolo de Maat.

Era la deidad de la ciudad de Menfis, por tal razón, la preeminencia de la dicha ciudad sobre el resto de las ciudades egipcias implicaba la elevación del dios sobre el resto del panteón egipcio. Mientras la ciudad de Menfis se mantuvo como capital política del reino, el culto y el clero de Ptah conservaron una posición de preeminencia.

Durante la época del Imperio Antiguo era el dios más poderoso, asociado al poder menfita, pero con el tiempo perdió notoriedad frente a Ra y Amón. Las ciudades del Antiguo Egipto rivalizaban por considerar a Ptah como creador del mundo (Menfis) o como una divinidad surgida de las otras (Tebas).

Según la cosmogonía menfita Ptah creó a los dioses, que son atribuciones y modos de su creador, estableció las regiones (nomos), edificó las ciudades, asignó a cada dios su lugar de culto, edificó sus templos y determinó las ofrendas que debían recibir.

Su esposa era Sejmet y sus hijos Perfum, Imhotep y los Patecos.

Lemuria

Hace miles de años, rodeado por las aguas del Océano Indico yacía sobre la superficie un continente que hoy en día sólo queda su recuerdo. Un territorio místico que dicho océano bañaba sus costas con el vaivén de las olas. Se le hace llamar “Lemuria” o “Mu”, cuya investigación de su posible existencia estaba a cargo de unos geólogos franceses, especialmente del inglés Phillip Sclater, quien dedicó años analizando los pormenores de dicha extensión de terreno que supuestamente se hundió en el fondo del mar.

Se rumora que en  aquel continente hubo habitantes a los que se denominó lémures, los cuales eran seres gregarios entre ellos, pero que tal vez no lo habrían sido con los forasteros que visitaran su territorio. Definitivamente esta gente como cualquier homosapiens se hubo desarrollado en la invención del fuego y el uso de armas. Se especula que muchos de ellos migraron hacia la India, Norteamérica, etc. No obstante, la incógnita está en cómo pudo desaparecer todo Lemuria bajo las aguas del Índico. ¿Habrá sido una falla geológica?, ¿Se habrá sumergido con algún tsunami?, ¿Lo habrá impactado un meteorito como tal vez desaparecieron los dinosaurios?. Tal vez Sclater tenga algunas respuestas, pero por lo pronto sigue siendo un enigma su repentina desaparición. Sin embargo, algunos grafican a los lémures como criaturas horrendas, como extraterrestres y de piel azul. Que habitaban en cuevas y pantanos, y se alimentaban de lo que podían como frutos, hierba, insectos y hasta entre ellos mismos. No obstante, habría que tener pruebas para creer que eran antropófagos. Además lo más probable es que hayan sido omnívoros, y que cazaban el animal que se les cruzara en el camino. También habría que dilucidar por qué muchos de ellos migraron. ¿Acaso no se abastecían de alimento o aún eran nómades y siempre estaban en busca de un lugar más conveniente?. Lo cierto es que Lemuria es casi una realidad con pinceladas de leyenda. Un continente donde a lo mejor hubo dinosaurios que devoraban a los lémures incautos. Las investigaciones sobre este continente fueron realizadas desde el siglo XIX (1864), y desde entonces se le tiene tanto análisis como se le tiene a la Atlántida, que es otro territorio que también desapareció en el fondo del mar. Los lémures tal vez fueron empujados a migrar por el clima, o por la carencia de alimento. A pesar de su supuesta apariencia esperpéntica, también se reproducían y acostumbraban a su hijos a la difícil tarea de pescar, recolectar y cazar. Todo eso era para que se acostumbren a valerse por sí mismos, y poder sobrevivir cuando la generación de sus progenitores se haya extinguido. Tendrían que haber tenido un supuesto idioma que sólo podían entender entre ellos. Y al reunirse al contorno de una fogata empezaban a conversar y a tratar de comunicarse. El territorio de Lemuria habría abarcado lo que es hoy en día Sudáfrica, Madagascar, Ceilán, Sumatra, Océano Indico, Australia y Nueva Zelanda. Además tendría una antigüedad anterior a África y la Atlántida. Significando que muy al fondo del Índico yace sumergida lo que fuera alguna vez un gran continente, que ahora es visitado por peces y grandes cardúmenes. ¿Podría un continente aflorar a la superficie después de miles de años de estar en el fondo del mar? Tan sólo quedan unas islas que son el único vestigio de su basto terreno. Quizá Lemuria continúe siendo una leyenda viva, tal vez continúe en el paladar de los investigadores. Sin embargo, ¿no sería alucinante que emergiera y que se sumara a sus análogos territoriales como el sexto continente?. Sobre todo si hubieran estado en pleno estado de reconocimiento de entre lo real y lo imaginario. Tendrían que haber aprendido a cocinar sus alimentos en el fuego, además de luchar por sus mujeres. Entre ellos habría existido el lémur dominante alfa, que guía y protege a su clan de mujeres y niños. También habría habido un dominante beta, que ayudase al alfa a cazar y demás tareas. Uno de esos alfas sería Galf, quien tendría como mujeres a Celtix, Anaj, Bixor, Hukler y Dexir. Todas ellas mujeres del dominante alfa. Sin embargo, el dominante beta sería Grux, quien colaboraría en las labores de sobrevivencia. Además en la ausencia de Galf, el llamado Grux aprovecharía en aparearse con alguna de las féminas. Y como el dominante alfa siempre está apareándose con ellas, no notaría la diferencia. Aún no se extrañaría de la diferencia que hay entre sus descendientes con él y más bien el parecido con el dominante beta. Cierto día las mujeres de Galf fueron a recolectar frutos, pero sin la compañía de ninguno de los dominantes. Así que en plena recolección hubo una disputa que se convirtió en pelea por parte de Hukler y Dexir. Ambas querían tomar el mismo fruto de Numen (árbol ficticio), fue entonces que se revolcaron en el suelo y llenas de lodo se jalaban los cabellos con todas sus fuerzas. Menos mal que fueron vistas por Grux, quien las separó al tiempo que las regañaba en su extraña lengua nativa. Algo así como:

-¡¡¡jalayar et nujdfez daf potnujuw….potnujuw!!! –lo que más o menos tendría que significar que no se peleen y que mantengan la paz.

Fue entonces que las dos mujeres arrepentidas se miraron y se dijeron:

-Jugrefl ut ñapexiz edn pegbkurst…..jervizfpe –expresó Hukler llena de arrepentimiento.

-Uxorvjez kilxerwaz om kelbemceg asdt –sostuvo Dexir avergonzada y limpiándose el rostro.

Las dos habían aprendido a perdonar los agravios de la otra, y más bien esta riña sirvió de ejemplo para que las demás solucionen sus problemas con el diálogo y no con la violencia. Terminaron de recolectar los númenes y partieron hacia la cueva, donde los esperaba un Galf cansado, pero con un mastodonte que hubo casado muy al norte de Lemuria. Para ello habría utilizado el fuego u otras armas que su civilización inventó. Esa noche hubo luna llena, la que para nosotros podría pasar desapercibida. Sin embargo, para ellos era la señal de un ritual en la que se fumaba la pipa de la paz y además era el anuncio místico de la llegada de la lluvia, donde el trueno confirmaba el chubasco. Dichas lluvias ayudaban a crecer las plantas y árboles. Ellos quizá no lo sabían o quizá lo suponían. No obstante, regresaban a su caverna para no mojarse por las aguas de su dios Kufelmt.

Atreo

(Mitología Griega)

El rey Atreo de Micenas era el hijo de Pélope e HIpodamia, y padre de Agamenón y Menelao. Su hermano gemelo Tiestes fueron exiliados de Pisa por su padre por haber asesinado a su hermanastro Crisino en su deseo de alcanzar el trono de Olimpia. Fueron a refugiarse a Micenas, donde ascendieron al trono en ausencia del rey Euristeo, que estaba luchando con los Heráclidas. Euristeo había dispuesto que su mandato fuera temporal, pero se hizo permanente debido a su muerte en la batalla.

Atreo juró sacrificar su mejor cordero a Artemisa. Sin embargo, mientras buscaba su rebaño descubrió un cordero dorado que dio a su esposa, Aérope, para esconderlo de la diosa. Ésta se lo dio a su amante y hermano de Atreo, Tiestes, que convenció entonces a Atreo para que aceptara que aquél que tuviese el cordero fuese el rey. Tiestes mostró entonces el cordero y reclamó el trono.

Atreo recuperó el trono siguiendo el consejo que recibió de Hermes. Tiestes aceptó devolver el trono cuando el sol se moviese hacia atrás en el cielo, una hazaña que Zeus llevó a cabo. Atreo recuperó el trono y desterró a Tiestes.

Atreo supo entonces del adulterio de Tiestes y Aérope y planeó su venganza. Mató a los hijos de Tiestes (Tántalo, Plístenes, Áglao, Orcómeno y Calileonte), los hirvió y los sirvió a la mesa. Al terminar la comida, le presentó en otra bandeja las cabezas, pies y manos de sus víctimas, para que se diera cuenta de lo que había comido. Tiestes vomitó horrorizado lo que tenía en el estómago y lanzó una terrible maldición a los descendientes de Atreo.

Entonces un oráculo aconsejó a Tiestes que si tenía un hijo con su propia hija (Pelopia), ese hijo mataría a Atreo. Tiestes así lo hizo y el hijo, Egisto, mató a Atreo. Sin embargo, cuando Egisto nació, fue abandonado por su madre, avergonzada de su acto incestuoso. Un pastor encontró al bebé y se lo dio a Atreo, quien lo crio como su propio hijo. Sólo cuando alcanzó la madurez reveló Tiestes la verdad a Egisto. Egisto mató entonces a Atreo.

Según algunas fuentes, Atreo fue el padre de Plístenes. Sin embargo, lo más común es considerarles hermanos.

Völuspá (La Profecía de la Vidente)

(Mitología Nórdica)

Es el nombre del primer y el más conocido poema de la Edda poética. Cuenta la historia de la creación del mundo y su inminente final, narrada por una völva o vidente y dirigida a Odín. Es una de las principales fuentes primarias para el estudio de la mitología nórdica.

La profecía comienza con una invocación a Odín, tras lo cual la vidente comienza a relatar la historia de la creación del mundo de forma resumida. La vidente explica cómo pudo conseguir su conocimiento, conociendo así la fuente de la omnisciencia de Odín, y otros secretos de los dioses de Asgard.

Menciona los acontecimientos presentes y futuros, aludiendo a muchos de los mitos nórdicos, como la muerte de Baldr y el encadenamiento de Loki. Por último, la vidente habla del fin del mundo, el Ragnarök, y su segunda venida.

Huangdi

(Mitología China)

Conocido como “El Emperador amarillo”, es una de las figuras más importantes de la mitología china. Reinó, según la tradición, desde el 2698 al 2598 a. C.  Se le representa como conquistador, juez, inmortal, dios de la montaña Kunlun y del centro de la Tierra.

Parece que originalmente fue una figura mítica o un dios que fue reinterpretado durante la dinastía Zhou. Originalmente sería un dios de la guerra que en las tradiciones tempranas desempeñaba un papel poco importante, pero que más tarde se convertiría en uno de los inmortales del taoísmo.

Algunos lo identifican con el dios del trueno tocario Ylaiñäkte, que corresponde a otras divinidades indoeuropeas, como el dios germánico Wotan, el griego Apolo y el celta Lug.

Se cuenta que su madre quedó embarazada por un rayo caído del cielo nocturno y que tras veinte años de embarazo nació Huangdi, que hablaba desde el nacimiento.

Existen historias sobre su lucha con su hermano Shennong, y con un diluvio causado por un monstruo. También se cuenta que posee un tambor hecho con piel de kui (un ser mitológico que puede producir lluvia, viento o sequía).

La leyenda de su retirada hacia el oeste en la guerra contra el emperador del Este, Chi You, en la batalla de Zhuolu, se considera como el establecimiento de la etnia han.

Maat

(Mitología Egipcia)

Símbolo de la verdad, la justicia y la armonía cósmica; también era representada como diosa, la hija de Ra en la mitología egipcia.

Fundamentalmente, Maat es un concepto abstracto de justicia universal, de equilibrio y armonía cósmicos que imperan en el mundo desde su origen y es necesario conservar.

Resume la cosmovisión egipcia, similar a la noción de armonía y areté, propia del mundo helénico, o a la idea de virtud, del mundo judeo-cristiano.

Necrofagia

Yace el cuerpo de un caminante en el desierto, ya sin signos vitales y tan sólo acompañado por una nube de moscas que absorben sus proteínas al igual que algunos escarabajos. Sin embargo, dicho cadáver es un festín exquisito para las aves de carroña como el buitre. Todos los comensales saborean el suculento banquete, pero vienen otros buitres a competir por la comida y como si fuera poco, otros carroñeros como las hienas entran en escena y le dan varios mordiscos al difunto, el cual poco a poco va quedando hecho una osamenta ensalivada, y todo por tanta hambre de sus inesperados invitados que tienen por costumbre practicar la necrofagia.

No sólo es hábito de los carroñeros mencionados, sino que comer cadáveres también ha sido practicado por los mismos seres humanos en situaciones extremas de supervivencia. Como ejemplo están los Aghori, quienes eran una secta hindú que para estar más cerca a su alimento vivían en los cementerios, y ellos según fuentes persas, en el siglo XIX los británicos los consideraban necrófagos. Y así como ellos muchos otros también suelen degustar la carne humana en descomposición. Pero yo me pregunto…¿qué pasaría si en Lima hubieran necrófagos y antropófagos? Suena dantesca la idea para una mayoría, pero qué tal si de pronto muchos limeños se convirtieran en zombis y empezaran a invadir la paz de los cementerios. Los surqueños irían a “Jardines de la Paz”, y tendrían que subir hasta lo más alto del camino y cavar la tierra para desenterrar los ataúdes, en cuyo interior estarían los restos mortales de gente que según la fecha de su entierro tendría algo de carne que comer, o si ya se les habrían adelantado los necrofaguitos…o sea los gusanos. De igual manera sucedería en “Los Jardines del Buen Retiro”, en “El Ángel” y hasta en “El Baquijano” del Callao. Los zombis guiados por sus olfatos irían “en mancha” caminando hacia los panteones, y los gallinazos los seguirían, sabiendo que tienen por costumbre ir a los cementerios, y hasta habría gallinazos conchudos que se posarían en sus hombros para descansar mientras los necrófagos llegan a los cementerios. Incluso dichos zombis entrarían al “Cementerio Británico”, que está al lado de “El Baquijano” y se pondrían a cavar con palas y picos, y hasta abría de los que rascan la tierra para desenterrar los féretros. Dichos necrófagos buscarían en los mapas los cementerios más cercanos y hasta por Internet buscarían las locaciones de los cementerios y harían llamadas aterradoras para informes y hablarían así:

      -Seeeñooooriiiittaaaaaaaaaaaaaaaaa…………………….¿dóndeeee queeeda el cemeeenteeeriiioooo?

      Sin embargo, una vez que ubicaran las direcciones robarían automóviles, sacando a mordiscos a sus conductores, y hasta vaciarían combis y coasters con todos sus pasajeros, quienes también correrían espantados, luego de ver la cabeza del cobrador arrancada a mordidas. Y subirían los necrófagos a las coasters y omnibuses, y harían turismo de cementerios. Pasarían por “Jardines del Buen Retiro”, “Jardines de la Paz”, “Campo Santo”, “El Ángel” y hasta los cementerios del Callao mencionados. Y dichos vehículos serían conducidos por los zombis que supieran manejar, aunque por su estado se subirían a las veredas, atropellarían a carretilleros, motociclistas, y cuanto transeúnte se les atravesara. Y los buitres y gallinazos los seguirían, saboreando en el camino los restos de carne que les cayó de sus víctimas. Y los no zombis estarían aterrados e impotentes. Tan sólo escondiéndose en sus casas y en búnkers, esperando noticias sobre el alud de necrófagos. Pero por mientras, los zombis estarían entretenidos comiendo carne humana, de personas que fallecieron hace unos días, y además ellos leerían las fechas y los nombres de los féretros, cual menús con platillos para elegir. Además en los cementerios habría toda una conmoción y una cuarentena de ataúdes abiertos, con necrófagos degustando las frescas carnes, codeándose con los gallinazos, y hasta dándoles en el pico a estas aves trocitos de carne humana. Pero como la mayoría de féretros estarían llenos de polvo y huesos, pronto los cadáveres más frescos se acabarían y los necrófagos subirían de nuevo a los vehículos en busca de otros cementerios. Sin embargo, los que estuvieron en panteones de otras zonas de Lima también pensaron lo mismo. Y al llegar los del norte al sur, y los del sur al norte, se encontrarían con cajones abiertos con restos de sangre por todos lados, huesos ensalivados y algunos gallinazos saboreando algunos restos de carne. Ante la falta de nuevos cadáveres, los zombis subidos en sus transportes se dirigirían a las casas a violentar a sus habitantes para comerlos con todo y gafas y cabellos, pero sin zapatos. Entonces, los necrófagos vinieron a toda prisa y empezaron a tocar las puertas y los timbres, como si aparentaran ser civilizados, pero la gente ya sabría que son ellos y asegurarían las puertas. Por tanto, impacientes romperían las ventanas, y ante los gritos de las mujeres se harían paso incluso devorando a los perros guardianes. Sin embargo, cada grupesco tendría un líder, y dicho adalid les ordenaría qué casa atacar. Uno de ellos a quien llamaban Omicrón, señaló la residencial San Felipe, mientras le dio un lengüetazo a su labio superior. Y las centenas de necrófagos subieron y rompieron las puertas con hachas, devorando la carne viva de los mortales felipinos. Ante los gritos de hombres y mujeres, continuaban desmembrando cartílagos, trozos de carne y hasta chupando los huesos. De otro lado estaba otro líder, Omega, quien se encontraba con otra centena de necrófagos en la Torres de Limatambo, y del mismo modo ordenó que entraran a las casas y devoraran a sus ocupantes. Y así sucedió en cada rincón de una Lima que se iba quedando sin habitantes. Llegada la noche, yacían acostados con las barrigas reventando, pero hubo luna llena, por lo que de repente uno a uno se fue transformando en hombre lobo. Habiendo poco a poco un proceso de licantropía. Y una vez transformados se vieron entre si con malos ojos y Omicrón y Omega trataron de mantener el orden, pero sus instintos asesinos los conducían a atacarse entre ellos. Y así lo hicieron. Los hombres lobo se abalanzaron contra sus compañeros. Sin embargo, como habían comido todo el día no tenían apetito. Así que desistieron del canibalismo. De pronto, la luna, que estaba más brillante que nunca, empezó a irradiar una luz roja. Dicha luminosidad cayó sobre los cuerpos de los zombis, ahora convertidos en hombres lobo, pero esta vez los transformó en diablos. Provistos de tridente, cola y cuernos. Además rojos como sus ojos. Se contemplaron entre sí y de pronto se produjo un terremoto. Se abrió la tierra y emergió a la superficie el mismo Hades. Vio a tanta competencia y dijo en latin:

      -¡¡¡Yo soy el Dios  del Infierno!!!….¡¡¡Sométanse a las tierras de ultratumba!!!

      Dicho esto, con su poder, cual gigantesco agujero negro fue absorbiendo a los flamantes demonios, y uno a uno fueron cayendo a aquel gran abismo, donde los esperaba Cancerbero, el Caronte, y todas las almas pecadoras. Y quedó en Lima tan sólo unas decenas de habitantes, y vieron todo el país hecho un caos. Pidieron apoyo a las naciones unidas, pero para su sorpresa el mundo estaba lleno de otros necrófagos.

Los hermanos Ayar vs Los hijos del Quijote

Hace muchas lunas sucedió lo inimaginable entre las leyendas populares. Algo que realmente desconcertó a sus descendientes. Desde las páginas de los libros antiguos de literatura brotaron por un lado los hermanos Ayar, y también los hijos de Don Quijote. Estos dos grupos por razones históricas no se veían con buenos ojos. Así que decidieron declararse la guerra. ¿Qué humano habría creído que personajes literarios terminaran por retarse a ultranza? Sin embargo, ahora se preparaban para el gran ataque.

De entre los hermanos Ayar figuran Ayar Cachi, Ayar Uchu, Ayar Auca y Ayar Manco, quienes conformaron, según la mitología incaica, los cuatro personajes que iban a fundar el Cusco. No obstante, en sus tiempos sólo había 30 casas con sus respectivos Ayllus. Y cada uno de los personajes nombrados tenía una esposa y/o mujer. El primero tenía a Mama Huaco, el segundo estaba comprometido con Mama Ipacura, el tercero tenía por mujer a Mama Raua, y el cuarto estaba con Mama Ocllo. Salieron del cerro Tambotoco, donde había tres cuevas. Una de ellas era Pacaritambo (Posada del Amanecer), pero este relato sucede antes que se fundara el Cusco. Y justamente de otro libro antiguo brotan los hijos del Quijote: Anselmo, Buenaventura, Clemente y Eufrasio. Cuatro personajes que heredaron las destrezas de caballería, el talante de su padre, pero también su locura. Los dos grupos se preparaban para hacer frente al enemigo. Parecía como el Yawar Fiesta, en que el cóndor y el toro se enfrentan en una cruel pelea por la supervivencia. Sólo que el ave está atada al lomo del cuadrúpedo, y le da de picotazos hasta que el toro sucumbe ante la pérdida de sangre y muere. Sin embargo, en esta ocasión los hijos del Quijote no van a estar atados, sino que será una pelea justa ante sus oponentes, los hermanos Ayar. Según el ‘protocolo’ bélico se reunirían en el majestuoso Machu Picchu, pero Ayar Manco pidió alejarse un poco para no dañar el patrimonio histórico y maravilla del mundo. Los hermanos De la Mancha aceptaron su petición y se distanció la gresca algunos kilómetros de ahí. Por su parte, los hermanos Ayar contaban con hondas, cuchillos, arcos y flechas, machetes, macanas y hasta huaybintos (boleadoras). A su alrededor el oxígeno de los andes se introduce en sus pulmones vernaculares. Y se dan cuenta que la dirección del viento los favorece. Vestidos de trajes ancestrales y con una mascaypacha sobre sus cabezas, estaban listos para la batalla. De otro lado, los hermanos De la Mancha estaban armados con arcabuces, lanzas y hasta espadas. Y se da inicio al enfrentamiento con un sonoro grito:

      -¡¡¡Awqanakuy!!! –vocifera Ayar Manco indicando que se inicie la guerra.

      Ambos bandos se empiezan a aproximar, pero tienen a los árboles como escudos. Y como los hermanos Ayar tienen arcos y flechas, les es más fácil dar en el blanco a distancia. Sin embargo, los hijos del Quijote no están dispuestos a morir tan fácilmente. Así que utilizan un medio versátil para llegar a velocidad ante el enemigo: sus caballos pura sangre. Eufrasio y Clemente galopan en sus equinos sosteniendo sus lanzas. Corren hacia donde están los hermanos Ayar, pero son infelizmente flechados por Ayar Auca y Ayar Cachi. Al caer estos dos españoles, sus caballos se dan a la fuga. Y yacen ahí tirados retorciéndose de dolor y en plena agonía, ya que los indios cuando lanzan sus flechas apuntan hacia el corazón. Habiendo visto derrotados a sus hermanos, los De la Mancha ya no quieren exponerse ante los flechazos. Así que utilizan su arma secreta: el cañón. Sin perder la euforia lanzan cañonazos hacia sus enemigos. Uno de esos proyectiles despedaza a Ayar Cachi, y el siguiente perfora el pecho de Ayar Auca. Los dos hermanos Ayar que quedan, entre el deseo de venganza y el dolor por la pérdida de sus hermanos, piden a Apu Kontiki Wiracocha que los ayude a vencer a los españoles. De pronto, el cielo se torna opaco y las nubes cubren el sol. Parecía el anochecer, por lo que Anselmo y Buenaventura se preocupan y no entienden como se oscureció el día. De pronto, un estruendoso sonido ocurre en el firmamento. Wiracocha lanza sus illapas (rayos) sobre los cañones de los De la Mancha y los despedaza. Una vez sin este arsenal, Ayar Manco y Ayar Uchu deciden combatir cuerpo a cuerpo con el enemigo. El primero sale con su macana y el segundo vuela con sus alas. Se ve a un Anselmo admirado por apreciar a un indio volador, mientras que Buenaventura sube a su caballo y al ver al indio con su macana, lo subestima y baja del corcel. Desenfunda su espada y se aproxima a toda prisa a su encuentro. Mientras Ayar Uchu cae encima de Anselmo acuchillándolo seis veces por todo el dorso. Sucumbido ante la muerte, cae el español y sólo queda Buenaventura. Sin embargo, el dios vernacular luego de haber dado el poder de volar a Ayar Uchu al posarse en tierra queda convertido en piedra. Entonces, la guerra queda reducida uno a uno, que era Ayar Manco contra Buenaventura De la Mancha. A la distancia el indígena mide los movimientos del peninsular. Se miran fijamente a los ojos, tratando de no pestañear. Y Ayar Manco corre raudo hacia Buenaventura. El primero portaba una macana y el segundo su espada. La inevitable colisión termina con una macana cortada en dos. Por lo que el indio saca su cuchillo y se lo lanza al español en el pecho. Sin embargo, la armadura que lleva puesta lo salva de las garras de la muerte. Desarmado Ayar Manco, carga una piedra y se la lanza a Buenaventura, pero éste la esquiva, y sin más miramientos le clava la espada en el cuello. Dándole muerte en el acto. Sin embargo, de entre las cuatro esposas de los hermanos Ayar, quienes habían estado observando la lucha cruenta, Mama Huaco no resiste el dolor, toma su huaybinto y lo lanza con fuerza hacia Buenaventura que incluso se carcajea por la visión que tenía de las mujeres indias. Sin embargo, las boleadoras que cortan el aire en su desplazamiento, llegan hasta el último De la Mancha que estaba en pie, y justo le da en el cuello, lo asfixia y muere. Finalizando la guerra entre los indios y los españoles, cual cóndor que termina de picotear al toro que habíamos mencionado. Posteriormente, Mama Huaco funda el Cusco y conjuntamente con las otras viudas, se encargan de erigir un gran imperio. Teniendo como líderes a los Incas. Y esa semilla se procreó hasta convertirse en el Tawantinsuyo, que llegó a expandir Pachacutec (el que cambia el mundo), en un gran territorio que nos heredaron nuestros antepasados. Y la leyenda de los hermanos Ayar voló como el viento y se inmortalizó como cada una de las rocas del Machu Picchu.