Inkarri (cuento alucinante)

inkarriAutor: Juan Mujica

Libro: “Fictocronías”

Mientras cientos de años han pasado desde que se puso fin a la existencia del último Inca, Atahualpa, por parte de los españoles, ha quedado como huella de tradición oral un mito que ha pasado de generación en generación. Sin embargo, en las diferentes etnias del Perú aquel mito tiene varias versiones y variantes. Por lo que se ha tomado en cuenta las versiones de Mario Vargas Llosa y de José María Arguedas. Se trata nada más y nada menos que el mito Inkarri. Que es casi una promesa del resurgimiento del Tawantinsuyo en tiempos de la era contemporánea.

Según las versiones mencionadas se habla de Inkarri, que sería la abreviación de Inka Rey, y que supone que este personaje fue el creador del mundo andino. Una orbe que hasta la actualidad tiene la esperanza que vuelvan los incas y que tomen el poder. Ya se imaginarán a un  grupo de gente vernacular o quizá un ejército, armado con macanas, boleadoras, hachas, cuchillos y hasta arcos y flechas. Definitivamente así no podrían vencer a ninguna hueste. Sin embargo, como todo tiene que estar de acuerdo a los últimos avances tecnológicos. Sugiero que Inkarri vendría con siete ejércitos (como se hacía en tiempos de los Incas) y que estarían debidamente armados con bazucas, tanques de guerra, jeeps en los que se transportarían los indios armados con ametralladoras, además ya no habría ni espadas, ni lanzas, ni cuchillos. Ahora en el nuevo tiempo del resurgimiento Inca contarían con revólveres, granadas, hasta con misiles. Con tal ejército seguro que podrían recuperar no sólo Cusco, no sólo el Perú, sino todo América del Sur. Tal y como lo haría Pachacutec en sus tiempos como guerrero expansionista. No obstante, pisando tierra nuevamente, ¿estarían de acuerdo los peruanos en aceptar como su líder a un Inca?…Creo que lo más cercano ha sido el gobierno de Toledo. Pero en todo caso los Incas tendrían que aprender español y/o inglés. Modernizarse y ponerse al corriente de las nuevas tecnologías. De todos modos sería hermoso ver flamear la bandera del Tawantinsuyo….¿dónde?. De hecho que no sería en la ex casa de Pizarro, o sea Palacio de Gobierno. Yo pienso que Inkarri de igual manera como se edificó Sacsayhuamán, él haría construir una fortaleza impenetrable, antibombas, antitanques y antimisiles. Además ordenaría que en los colegios se enseñe el quechua y el aymara como idioma básico. Ese sería el pensamiento del Inka rey. Sin embargo, tendría que enfrentar a los medios de comunicación, a la prensa, a un cúmulo de periodistas tratando de sacarle declaraciones a la salida de la fortaleza. Para eso, hace rato que habría un Ministerio de Cultura, que solventaría la promoción de actividades culturales y artísticas. Y tampoco habría avenidas, plazas o nada que tuviera el nombre del chanchero de Pizarro. Por su parte, el Cusco sería nuevamente proclamado como el ombligo del mundo. Y cada ciudadano cusqueño sería homenajeado y enaltecido como descendiente Inca. De otro lado, nuestra maravilla del mundo, Machu Picchu, sería declarada como Patrimonio Humano Mundial. Y se haría la construcción de otras réplicas iguales en cada departamento. De tal modo que cada ciudad tenga su Machu Picchu, donde poder apreciarlo. Además se haría un pacto de biteismo democrático, por el cual habría libertad de credo. Es decir, que los que quisieran podrían venerar a Jehová y/o a Inkarri. Por supuesto que el Vaticano no sería tan benevolente con estos cambios. Sin embargo, las contribuciones auríferas del nuevo Tawantinsuyo harían mermar las críticas del incanato de Inkarri. Para estos tiempos se seguiría con los ayllus y las panacas. Y en Lima ya no habría tanto racismo como lo hay actualmente. En todo caso habría una pluriraza llamada inkarrino, que albergaría a blancos, negros, cholos, chinos, caucásicos, etc. Todo eso pasará cuando se cumpla el mito Inkarri. Que es la fe en un milagro histórico, que es la consecución de nuestro legado cultural y que es parte de las creencias populares que hasta nuestros días se retroalimentan con nuestras tradiciones. Y como el afán expansionista regirá en todo América del Sur, volverán a constituirse los cuatro suyos: Chinchaysuyo, Antisuyo, Collasuyo y Contisuyo. Ya no habría alcaldes ni ministros, sino que se restauraría el consejo imperial (quienes asesorarían al Inca para ayudarlo a resolver problemas de tipo administrativo y militar); el apunchik (que serían los funcionarios con autoridad para organizar todo lo relativo con las provincias); los curacas (que conformarían los jefes de los pueblos o ayllus); el tucuy ricoc (que llegaría a ser el supervisor imperial, o sea el que todo lo ve y todo lo oye), etc. Ellos se encargarían de apoyar al inca a gobernar el nuevo Tawantinsuyo. Y por supuesto que los tres dogmas incaicos: ama sua, ama quella y ama llulla, se habrían incrementado con la dación de nuevos dogmas acordes con los nuevos tiempos. Todo eso pasaría cuando venga el Inkarri. Y si no estuvieran de acuerdo Estados Unidos y la Unión Europea, seguramente que se restauraría la Otán con el plan Marshall. Entonces los militares de todo el mundo le declararían la guerra al nuevo Tawantinsuyo. Sólo que esta vez no serían tan indefensos como lo fueron nuestros indios cuando llegó Pizarro a poner las pezuñas en el nuevo continente. Todo lo contrario. Los cuatro suyos estarían alertas a la orden del Inkarri. Se contaría con la tecnología bélica antes mencionada, pero también con bombas de hidrógeno, nitrógeno y plutonio. Estarían combatiendo con todo un continente (América del Sur), situación que ni Bolívar habría logrado. Toda Europa parecería un puñetazo que golpea la gran pared incaica, y haciéndolo sangrar con cada golpe. Por su parte, los gringos (quienes no habrían perdido la oportunidad de hacer su injerencia en problemas internacionales), de hecho que mandarían a sus huestes militares, armados hasta los dientes y confiados de estar combatiendo con un continente sub-desarrollado. Situación que no sería peor falacia que nunca, ya que nuestro poder bélico y estratégico sería tan glorioso como lo fue en tiempos de los Incas. Y luego de haber triunfado sobre aquellas potencias, Inkarri se retiraría la mascaypacha, tomaría un poco de chicha de jora, contemplaría la cantidad de miles de cadáveres que en el caso de peninsulares sería como una revancha, y gritaría con voz estruendosa, cual Atahualpa:

-¡¡¡Nuevo Tawantinsuyo….usos son de la guerra…..vencer o ser vencidos!!!

 

La atmósfera de fin de año

ImagenComo cada año el espíritu navideño envuelve a las familias en todo el mundo. Cada sociedad a su manera y con algunas variantes, pero al fin y al cabo al llegar las 12 pm del 25 de diciembre sucede algo mágico, que transforma a las personas en seres afables y con deseos de abrazar a los demás en cada casa. Todo esto es la parte etérea del asunto.

Sin embargo, por tradición desde que los chinos descubrieron la pólvora, también conforma parte de la celebración los fuegos artificiales. Tanto en Navidad como en Año Nuevo, se expenden los peligrosos cohetones, rata blanca, mama rata, etc. Y por supuesto que no voy a abordar este tema con guantes de seda ya que tuve la oportunidad innumerables veces de hacer bullanga durante mi infancia y parte de mi adolescencia.

No obstante, el problema pareciera haberse intensificado, pero tan solo es por el poder de los medios de comunicación, quienes abordan el tema, y con una pisca de sensacionalismo. Sobre todo luego que se produjera el incendio en Mesa Redonda (2001), donde hubo muchos muertos y que hasta ahora no se cierra la herida y el dolor de los familiares.

Otro detalle de la víspera de Navidad son aquellos viejitos y no tan viejitos, quienes por su contextura la hacen de Papá Noel. Sin embargo, ese ya parece un masoquismo, ya que allá en el hemisferio norte, se ve bien al viejito bonachón con esa ropa blanquiroja, ya que la temperatura lo amerita, pero acá en el hemisferio sur estamos en pleno verano desde el 22 de diciembre, y ello ocasiona que los viejitos disfrazados parezca que están en un horno y sudan que da miedo.

Ya a medida que avanzan los días en diciembre empieza el movimiento por la compra de los regalos. Habiendo de todos los tamaños, modelos, colores, y para todos los gustos. Y por supuesto los que más gozan con la Navidad son los niños, ya que son los más agasajados. No obstante, otra de las cosas que sucede en Noche Buena es la cena, ya que como todos esperan las 12pm para los abrazos y antes de los regalos, generalmente se cena un pavo, un pollo o en muchos casos cenas precarias o casi insustanciales. Entonces, se cena y degustando el champán. Y luego llega el panetón y el chocolate. Lo que causa una indigestión y una mala madrugada. Por tal motivo se recomienda ser proporcional al momento de comer tanto en Navidad como en Año Nuevo.

Y hablando de Año Nuevo, existen muchas opciones de celebrarlo. Muchos lo pasan a lo grande. Con orquesta, en discoteca o restaurante, con cerveza, champán y demás bebidas que se tenga guardadas o se compren para la ocasión. Está el cotillón, la ropa amarilla, los cohetes en el amplio sentido de la palabra, ya que no se si he perdido el entusiasmo, pero en muchas partes el Fin de Año se revientan tal cantidad de fuegos artificiales y cohetones que pareciera que estuviéramos en zona de guerra.

Por tal motivo, me despido deseándoles una ¡¡¡Feliz Navidad y un Venturoso Año Nuevo!!!

El centauro bicéfalo

Allá entre las cavernas y bosques, entre el terreno de los animales silvestres y seres fantásticos nocturnos, vivía un centauro, pero que además debido a un conjuro mágico lo habían vuelto bicéfalo. Y con aquellas dos cabezas le fue difícil coordinarse al principio. Sin embargo, con la práctica llegó a sobrellevar su castigo. Y hasta llegó a decir:

-Dos cabezas piensan mejor que una.

Convencido que estaba llevando una vida normal, fue a ver a Fen, el monje de las siete leguas, quien era llamado así por la distancia que acarreaba encontrarlo en sus territorios. Y una vez que yendo a todo galope y balanceando ambas cabezas, lo encontró, no desaprovechó pedirle que deshiciera el conjuro, ya que no soportaba las burlas de los seres fantásticos que se topaban con él y hasta le parecía que las cascadas se mofaban.

-Por favor monje, líbrame de esta maldición –le decía el centauro bicéfalo.

-Muy bien centauro. Desharé el conjuro, pero a cambio tendrás que hacerme un favor –le respondió el monje.

-Lo que sea señor de las siete leguas.

-Bueno, lo que deseo que hagas es que me traigas a la noche en una botella. Y al día en otra –enfatizó el monje, ante la sorpresa del centauro.

-Pero mi señor. ¿Qué me estás pidiendo? ¡Eso es imposible! –sostuvo el centauro, viendo sonreír como nunca a aquel villano de las siete leguas.

De modo que sin más cuestionamientos, el bicéfalo se despidió y se fue. Al tercer día, el centauro volvió ante el monje. Y le preguntó que si importaba en qué momento le mostraba ambas botellas. Y el monje contestó que no importaba. Que le mostrara las botellas a la hora que deseara. Fue entonces que el centauro se volvió a despedir y no se supo de él durante un año. Regresando justo en el día bisiesto y sonriendo, miró en el rostro al monje y le dijo:

-Jajaja me pediste dos cosas imposibles que hacer. Jajaja por más que pensé a pesar de mis dos cabezas no hallé la forma de contener el día y la noche en sendas botellas. Sin embargo, al igual que en todas partes no hay ser único en su oficio. Así que busqué por todas las tierras a algún hechicero, faltando poco para completarse el año desde que partí. Conocí a otro monje que vivía allá a lo lejos, detrás de las montañas. Su nombre es Xen, y dijo ser tu padre, Fen.

El monje de las siete leguas, Fen, se asombró de saber de su padre y que le haya ayudado al centauro.

-Entonces, mi padre Xen te libró de tu maldición. Y puedo saber qué te pidió como favor.

-Fue sencillo. Pidió que le entregara un retrato tuyo.

-Pero si a mí jamás me han retratado.

-Lo sé, pero como él no especificó el lienzo. Le hice ver tu semblante en unas nubes que pasaban cerca. Y al verlas, me confirmó que efectivamente estaba viendo tu rostro. Es por ello que ahora me ves con una sola cabeza. Tu padre te extraña y fue tu recuerdo quien me quitó la maldición.

-Gracias centauro, pero dime… dónde encontraste a Xen, mi padre.

-Con gusto te lo diré pero primero un favor…

Lemuria

Hace miles de años, rodeado por las aguas del Océano Indico yacía sobre la superficie un continente que hoy en día sólo queda su recuerdo. Un territorio místico que dicho océano bañaba sus costas con el vaivén de las olas. Se le hace llamar “Lemuria” o “Mu”, cuya investigación de su posible existencia estaba a cargo de unos geólogos franceses, especialmente del inglés Phillip Sclater, quien dedicó años analizando los pormenores de dicha extensión de terreno que supuestamente se hundió en el fondo del mar.

Se rumora que en  aquel continente hubo habitantes a los que se denominó lémures, los cuales eran seres gregarios entre ellos, pero que tal vez no lo habrían sido con los forasteros que visitaran su territorio. Definitivamente esta gente como cualquier homosapiens se hubo desarrollado en la invención del fuego y el uso de armas. Se especula que muchos de ellos migraron hacia la India, Norteamérica, etc. No obstante, la incógnita está en cómo pudo desaparecer todo Lemuria bajo las aguas del Índico. ¿Habrá sido una falla geológica?, ¿Se habrá sumergido con algún tsunami?, ¿Lo habrá impactado un meteorito como tal vez desaparecieron los dinosaurios?. Tal vez Sclater tenga algunas respuestas, pero por lo pronto sigue siendo un enigma su repentina desaparición. Sin embargo, algunos grafican a los lémures como criaturas horrendas, como extraterrestres y de piel azul. Que habitaban en cuevas y pantanos, y se alimentaban de lo que podían como frutos, hierba, insectos y hasta entre ellos mismos. No obstante, habría que tener pruebas para creer que eran antropófagos. Además lo más probable es que hayan sido omnívoros, y que cazaban el animal que se les cruzara en el camino. También habría que dilucidar por qué muchos de ellos migraron. ¿Acaso no se abastecían de alimento o aún eran nómades y siempre estaban en busca de un lugar más conveniente?. Lo cierto es que Lemuria es casi una realidad con pinceladas de leyenda. Un continente donde a lo mejor hubo dinosaurios que devoraban a los lémures incautos. Las investigaciones sobre este continente fueron realizadas desde el siglo XIX (1864), y desde entonces se le tiene tanto análisis como se le tiene a la Atlántida, que es otro territorio que también desapareció en el fondo del mar. Los lémures tal vez fueron empujados a migrar por el clima, o por la carencia de alimento. A pesar de su supuesta apariencia esperpéntica, también se reproducían y acostumbraban a su hijos a la difícil tarea de pescar, recolectar y cazar. Todo eso era para que se acostumbren a valerse por sí mismos, y poder sobrevivir cuando la generación de sus progenitores se haya extinguido. Tendrían que haber tenido un supuesto idioma que sólo podían entender entre ellos. Y al reunirse al contorno de una fogata empezaban a conversar y a tratar de comunicarse. El territorio de Lemuria habría abarcado lo que es hoy en día Sudáfrica, Madagascar, Ceilán, Sumatra, Océano Indico, Australia y Nueva Zelanda. Además tendría una antigüedad anterior a África y la Atlántida. Significando que muy al fondo del Índico yace sumergida lo que fuera alguna vez un gran continente, que ahora es visitado por peces y grandes cardúmenes. ¿Podría un continente aflorar a la superficie después de miles de años de estar en el fondo del mar? Tan sólo quedan unas islas que son el único vestigio de su basto terreno. Quizá Lemuria continúe siendo una leyenda viva, tal vez continúe en el paladar de los investigadores. Sin embargo, ¿no sería alucinante que emergiera y que se sumara a sus análogos territoriales como el sexto continente?. Sobre todo si hubieran estado en pleno estado de reconocimiento de entre lo real y lo imaginario. Tendrían que haber aprendido a cocinar sus alimentos en el fuego, además de luchar por sus mujeres. Entre ellos habría existido el lémur dominante alfa, que guía y protege a su clan de mujeres y niños. También habría habido un dominante beta, que ayudase al alfa a cazar y demás tareas. Uno de esos alfas sería Galf, quien tendría como mujeres a Celtix, Anaj, Bixor, Hukler y Dexir. Todas ellas mujeres del dominante alfa. Sin embargo, el dominante beta sería Grux, quien colaboraría en las labores de sobrevivencia. Además en la ausencia de Galf, el llamado Grux aprovecharía en aparearse con alguna de las féminas. Y como el dominante alfa siempre está apareándose con ellas, no notaría la diferencia. Aún no se extrañaría de la diferencia que hay entre sus descendientes con él y más bien el parecido con el dominante beta. Cierto día las mujeres de Galf fueron a recolectar frutos, pero sin la compañía de ninguno de los dominantes. Así que en plena recolección hubo una disputa que se convirtió en pelea por parte de Hukler y Dexir. Ambas querían tomar el mismo fruto de Numen (árbol ficticio), fue entonces que se revolcaron en el suelo y llenas de lodo se jalaban los cabellos con todas sus fuerzas. Menos mal que fueron vistas por Grux, quien las separó al tiempo que las regañaba en su extraña lengua nativa. Algo así como:

-¡¡¡jalayar et nujdfez daf potnujuw….potnujuw!!! –lo que más o menos tendría que significar que no se peleen y que mantengan la paz.

Fue entonces que las dos mujeres arrepentidas se miraron y se dijeron:

-Jugrefl ut ñapexiz edn pegbkurst…..jervizfpe –expresó Hukler llena de arrepentimiento.

-Uxorvjez kilxerwaz om kelbemceg asdt –sostuvo Dexir avergonzada y limpiándose el rostro.

Las dos habían aprendido a perdonar los agravios de la otra, y más bien esta riña sirvió de ejemplo para que las demás solucionen sus problemas con el diálogo y no con la violencia. Terminaron de recolectar los númenes y partieron hacia la cueva, donde los esperaba un Galf cansado, pero con un mastodonte que hubo casado muy al norte de Lemuria. Para ello habría utilizado el fuego u otras armas que su civilización inventó. Esa noche hubo luna llena, la que para nosotros podría pasar desapercibida. Sin embargo, para ellos era la señal de un ritual en la que se fumaba la pipa de la paz y además era el anuncio místico de la llegada de la lluvia, donde el trueno confirmaba el chubasco. Dichas lluvias ayudaban a crecer las plantas y árboles. Ellos quizá no lo sabían o quizá lo suponían. No obstante, regresaban a su caverna para no mojarse por las aguas de su dios Kufelmt.

Necrofagia

Yace el cuerpo de un caminante en el desierto, ya sin signos vitales y tan sólo acompañado por una nube de moscas que absorben sus proteínas al igual que algunos escarabajos. Sin embargo, dicho cadáver es un festín exquisito para las aves de carroña como el buitre. Todos los comensales saborean el suculento banquete, pero vienen otros buitres a competir por la comida y como si fuera poco, otros carroñeros como las hienas entran en escena y le dan varios mordiscos al difunto, el cual poco a poco va quedando hecho una osamenta ensalivada, y todo por tanta hambre de sus inesperados invitados que tienen por costumbre practicar la necrofagia.

No sólo es hábito de los carroñeros mencionados, sino que comer cadáveres también ha sido practicado por los mismos seres humanos en situaciones extremas de supervivencia. Como ejemplo están los Aghori, quienes eran una secta hindú que para estar más cerca a su alimento vivían en los cementerios, y ellos según fuentes persas, en el siglo XIX los británicos los consideraban necrófagos. Y así como ellos muchos otros también suelen degustar la carne humana en descomposición. Pero yo me pregunto…¿qué pasaría si en Lima hubieran necrófagos y antropófagos? Suena dantesca la idea para una mayoría, pero qué tal si de pronto muchos limeños se convirtieran en zombis y empezaran a invadir la paz de los cementerios. Los surqueños irían a “Jardines de la Paz”, y tendrían que subir hasta lo más alto del camino y cavar la tierra para desenterrar los ataúdes, en cuyo interior estarían los restos mortales de gente que según la fecha de su entierro tendría algo de carne que comer, o si ya se les habrían adelantado los necrofaguitos…o sea los gusanos. De igual manera sucedería en “Los Jardines del Buen Retiro”, en “El Ángel” y hasta en “El Baquijano” del Callao. Los zombis guiados por sus olfatos irían “en mancha” caminando hacia los panteones, y los gallinazos los seguirían, sabiendo que tienen por costumbre ir a los cementerios, y hasta habría gallinazos conchudos que se posarían en sus hombros para descansar mientras los necrófagos llegan a los cementerios. Incluso dichos zombis entrarían al “Cementerio Británico”, que está al lado de “El Baquijano” y se pondrían a cavar con palas y picos, y hasta abría de los que rascan la tierra para desenterrar los féretros. Dichos necrófagos buscarían en los mapas los cementerios más cercanos y hasta por Internet buscarían las locaciones de los cementerios y harían llamadas aterradoras para informes y hablarían así:

      -Seeeñooooriiiittaaaaaaaaaaaaaaaaa…………………….¿dóndeeee queeeda el cemeeenteeeriiioooo?

      Sin embargo, una vez que ubicaran las direcciones robarían automóviles, sacando a mordiscos a sus conductores, y hasta vaciarían combis y coasters con todos sus pasajeros, quienes también correrían espantados, luego de ver la cabeza del cobrador arrancada a mordidas. Y subirían los necrófagos a las coasters y omnibuses, y harían turismo de cementerios. Pasarían por “Jardines del Buen Retiro”, “Jardines de la Paz”, “Campo Santo”, “El Ángel” y hasta los cementerios del Callao mencionados. Y dichos vehículos serían conducidos por los zombis que supieran manejar, aunque por su estado se subirían a las veredas, atropellarían a carretilleros, motociclistas, y cuanto transeúnte se les atravesara. Y los buitres y gallinazos los seguirían, saboreando en el camino los restos de carne que les cayó de sus víctimas. Y los no zombis estarían aterrados e impotentes. Tan sólo escondiéndose en sus casas y en búnkers, esperando noticias sobre el alud de necrófagos. Pero por mientras, los zombis estarían entretenidos comiendo carne humana, de personas que fallecieron hace unos días, y además ellos leerían las fechas y los nombres de los féretros, cual menús con platillos para elegir. Además en los cementerios habría toda una conmoción y una cuarentena de ataúdes abiertos, con necrófagos degustando las frescas carnes, codeándose con los gallinazos, y hasta dándoles en el pico a estas aves trocitos de carne humana. Pero como la mayoría de féretros estarían llenos de polvo y huesos, pronto los cadáveres más frescos se acabarían y los necrófagos subirían de nuevo a los vehículos en busca de otros cementerios. Sin embargo, los que estuvieron en panteones de otras zonas de Lima también pensaron lo mismo. Y al llegar los del norte al sur, y los del sur al norte, se encontrarían con cajones abiertos con restos de sangre por todos lados, huesos ensalivados y algunos gallinazos saboreando algunos restos de carne. Ante la falta de nuevos cadáveres, los zombis subidos en sus transportes se dirigirían a las casas a violentar a sus habitantes para comerlos con todo y gafas y cabellos, pero sin zapatos. Entonces, los necrófagos vinieron a toda prisa y empezaron a tocar las puertas y los timbres, como si aparentaran ser civilizados, pero la gente ya sabría que son ellos y asegurarían las puertas. Por tanto, impacientes romperían las ventanas, y ante los gritos de las mujeres se harían paso incluso devorando a los perros guardianes. Sin embargo, cada grupesco tendría un líder, y dicho adalid les ordenaría qué casa atacar. Uno de ellos a quien llamaban Omicrón, señaló la residencial San Felipe, mientras le dio un lengüetazo a su labio superior. Y las centenas de necrófagos subieron y rompieron las puertas con hachas, devorando la carne viva de los mortales felipinos. Ante los gritos de hombres y mujeres, continuaban desmembrando cartílagos, trozos de carne y hasta chupando los huesos. De otro lado estaba otro líder, Omega, quien se encontraba con otra centena de necrófagos en la Torres de Limatambo, y del mismo modo ordenó que entraran a las casas y devoraran a sus ocupantes. Y así sucedió en cada rincón de una Lima que se iba quedando sin habitantes. Llegada la noche, yacían acostados con las barrigas reventando, pero hubo luna llena, por lo que de repente uno a uno se fue transformando en hombre lobo. Habiendo poco a poco un proceso de licantropía. Y una vez transformados se vieron entre si con malos ojos y Omicrón y Omega trataron de mantener el orden, pero sus instintos asesinos los conducían a atacarse entre ellos. Y así lo hicieron. Los hombres lobo se abalanzaron contra sus compañeros. Sin embargo, como habían comido todo el día no tenían apetito. Así que desistieron del canibalismo. De pronto, la luna, que estaba más brillante que nunca, empezó a irradiar una luz roja. Dicha luminosidad cayó sobre los cuerpos de los zombis, ahora convertidos en hombres lobo, pero esta vez los transformó en diablos. Provistos de tridente, cola y cuernos. Además rojos como sus ojos. Se contemplaron entre sí y de pronto se produjo un terremoto. Se abrió la tierra y emergió a la superficie el mismo Hades. Vio a tanta competencia y dijo en latin:

      -¡¡¡Yo soy el Dios  del Infierno!!!….¡¡¡Sométanse a las tierras de ultratumba!!!

      Dicho esto, con su poder, cual gigantesco agujero negro fue absorbiendo a los flamantes demonios, y uno a uno fueron cayendo a aquel gran abismo, donde los esperaba Cancerbero, el Caronte, y todas las almas pecadoras. Y quedó en Lima tan sólo unas decenas de habitantes, y vieron todo el país hecho un caos. Pidieron apoyo a las naciones unidas, pero para su sorpresa el mundo estaba lleno de otros necrófagos.

Los hermanos Ayar vs Los hijos del Quijote

Hace muchas lunas sucedió lo inimaginable entre las leyendas populares. Algo que realmente desconcertó a sus descendientes. Desde las páginas de los libros antiguos de literatura brotaron por un lado los hermanos Ayar, y también los hijos de Don Quijote. Estos dos grupos por razones históricas no se veían con buenos ojos. Así que decidieron declararse la guerra. ¿Qué humano habría creído que personajes literarios terminaran por retarse a ultranza? Sin embargo, ahora se preparaban para el gran ataque.

De entre los hermanos Ayar figuran Ayar Cachi, Ayar Uchu, Ayar Auca y Ayar Manco, quienes conformaron, según la mitología incaica, los cuatro personajes que iban a fundar el Cusco. No obstante, en sus tiempos sólo había 30 casas con sus respectivos Ayllus. Y cada uno de los personajes nombrados tenía una esposa y/o mujer. El primero tenía a Mama Huaco, el segundo estaba comprometido con Mama Ipacura, el tercero tenía por mujer a Mama Raua, y el cuarto estaba con Mama Ocllo. Salieron del cerro Tambotoco, donde había tres cuevas. Una de ellas era Pacaritambo (Posada del Amanecer), pero este relato sucede antes que se fundara el Cusco. Y justamente de otro libro antiguo brotan los hijos del Quijote: Anselmo, Buenaventura, Clemente y Eufrasio. Cuatro personajes que heredaron las destrezas de caballería, el talante de su padre, pero también su locura. Los dos grupos se preparaban para hacer frente al enemigo. Parecía como el Yawar Fiesta, en que el cóndor y el toro se enfrentan en una cruel pelea por la supervivencia. Sólo que el ave está atada al lomo del cuadrúpedo, y le da de picotazos hasta que el toro sucumbe ante la pérdida de sangre y muere. Sin embargo, en esta ocasión los hijos del Quijote no van a estar atados, sino que será una pelea justa ante sus oponentes, los hermanos Ayar. Según el ‘protocolo’ bélico se reunirían en el majestuoso Machu Picchu, pero Ayar Manco pidió alejarse un poco para no dañar el patrimonio histórico y maravilla del mundo. Los hermanos De la Mancha aceptaron su petición y se distanció la gresca algunos kilómetros de ahí. Por su parte, los hermanos Ayar contaban con hondas, cuchillos, arcos y flechas, machetes, macanas y hasta huaybintos (boleadoras). A su alrededor el oxígeno de los andes se introduce en sus pulmones vernaculares. Y se dan cuenta que la dirección del viento los favorece. Vestidos de trajes ancestrales y con una mascaypacha sobre sus cabezas, estaban listos para la batalla. De otro lado, los hermanos De la Mancha estaban armados con arcabuces, lanzas y hasta espadas. Y se da inicio al enfrentamiento con un sonoro grito:

      -¡¡¡Awqanakuy!!! –vocifera Ayar Manco indicando que se inicie la guerra.

      Ambos bandos se empiezan a aproximar, pero tienen a los árboles como escudos. Y como los hermanos Ayar tienen arcos y flechas, les es más fácil dar en el blanco a distancia. Sin embargo, los hijos del Quijote no están dispuestos a morir tan fácilmente. Así que utilizan un medio versátil para llegar a velocidad ante el enemigo: sus caballos pura sangre. Eufrasio y Clemente galopan en sus equinos sosteniendo sus lanzas. Corren hacia donde están los hermanos Ayar, pero son infelizmente flechados por Ayar Auca y Ayar Cachi. Al caer estos dos españoles, sus caballos se dan a la fuga. Y yacen ahí tirados retorciéndose de dolor y en plena agonía, ya que los indios cuando lanzan sus flechas apuntan hacia el corazón. Habiendo visto derrotados a sus hermanos, los De la Mancha ya no quieren exponerse ante los flechazos. Así que utilizan su arma secreta: el cañón. Sin perder la euforia lanzan cañonazos hacia sus enemigos. Uno de esos proyectiles despedaza a Ayar Cachi, y el siguiente perfora el pecho de Ayar Auca. Los dos hermanos Ayar que quedan, entre el deseo de venganza y el dolor por la pérdida de sus hermanos, piden a Apu Kontiki Wiracocha que los ayude a vencer a los españoles. De pronto, el cielo se torna opaco y las nubes cubren el sol. Parecía el anochecer, por lo que Anselmo y Buenaventura se preocupan y no entienden como se oscureció el día. De pronto, un estruendoso sonido ocurre en el firmamento. Wiracocha lanza sus illapas (rayos) sobre los cañones de los De la Mancha y los despedaza. Una vez sin este arsenal, Ayar Manco y Ayar Uchu deciden combatir cuerpo a cuerpo con el enemigo. El primero sale con su macana y el segundo vuela con sus alas. Se ve a un Anselmo admirado por apreciar a un indio volador, mientras que Buenaventura sube a su caballo y al ver al indio con su macana, lo subestima y baja del corcel. Desenfunda su espada y se aproxima a toda prisa a su encuentro. Mientras Ayar Uchu cae encima de Anselmo acuchillándolo seis veces por todo el dorso. Sucumbido ante la muerte, cae el español y sólo queda Buenaventura. Sin embargo, el dios vernacular luego de haber dado el poder de volar a Ayar Uchu al posarse en tierra queda convertido en piedra. Entonces, la guerra queda reducida uno a uno, que era Ayar Manco contra Buenaventura De la Mancha. A la distancia el indígena mide los movimientos del peninsular. Se miran fijamente a los ojos, tratando de no pestañear. Y Ayar Manco corre raudo hacia Buenaventura. El primero portaba una macana y el segundo su espada. La inevitable colisión termina con una macana cortada en dos. Por lo que el indio saca su cuchillo y se lo lanza al español en el pecho. Sin embargo, la armadura que lleva puesta lo salva de las garras de la muerte. Desarmado Ayar Manco, carga una piedra y se la lanza a Buenaventura, pero éste la esquiva, y sin más miramientos le clava la espada en el cuello. Dándole muerte en el acto. Sin embargo, de entre las cuatro esposas de los hermanos Ayar, quienes habían estado observando la lucha cruenta, Mama Huaco no resiste el dolor, toma su huaybinto y lo lanza con fuerza hacia Buenaventura que incluso se carcajea por la visión que tenía de las mujeres indias. Sin embargo, las boleadoras que cortan el aire en su desplazamiento, llegan hasta el último De la Mancha que estaba en pie, y justo le da en el cuello, lo asfixia y muere. Finalizando la guerra entre los indios y los españoles, cual cóndor que termina de picotear al toro que habíamos mencionado. Posteriormente, Mama Huaco funda el Cusco y conjuntamente con las otras viudas, se encargan de erigir un gran imperio. Teniendo como líderes a los Incas. Y esa semilla se procreó hasta convertirse en el Tawantinsuyo, que llegó a expandir Pachacutec (el que cambia el mundo), en un gran territorio que nos heredaron nuestros antepasados. Y la leyenda de los hermanos Ayar voló como el viento y se inmortalizó como cada una de las rocas del Machu Picchu.

Poseidón en el mar de Grau

Libro de cuentos: “Fictocronías”

La zozobra era dantesca entre los pescadores, quienes a través de sus ancestros en forma de tradición oral habían oído sobre su existencia. Sin embargo, nunca lo habían visto y tan sólo sus abuelos de algunos tuvieron la oportunidad de verlo en todo su esplendor. Ante las aguas del imponente mar de Grau tenían la inexplicable sospecha que pronto, muy pronto, aparecerían sus monstruosas criaturas. Y eso no los dejaba trabajar tranquilos, ni siquiera en las playas, los bañistas y surfistas podían suspirar la paz, a sabiendas que dentro de las profundidades, donde sólo deberían brotar cardúmenes y plancton, el rey de los siete mares un día entraría en escena.

Los peruanos que vivían cerca al litoral en toda la costa, eran los más preocupados que viniera Poseidón, el cual según les habían contado tenía el dominio absoluto sobre las aguas, los océanos, los ríos, y hasta de los charcos. Por su parte, los marineros, temerosos que de pronto aparezca solicitaban quedarse en tierra firme. Es decir, que le temían más que a los tiburones blancos, y aunque jamás lo habían visto, se rumoreaba que en esos días de verano se manifestaría en alguna forma. Dicho y hecho, justo cuando nadie lo imaginaba. Cuando en las playas había una profusa asistencia de bañistas, surfistas, pescadores y navegantes. Justo en el límite de las 200 millas marinas, en forma paralela y sincronizada emergieron orcas gigantescas, enormes tsunamis y el mismo Poseidón transformado en coloso de piedra. Ni bien vieron la luz del sol, se acercaban peligrosamente a las costas del ahora vulnerable mar de Grau. Tan sólo un marinero que descansaba escéptico de las habladurías de sus compañeros, al echar un vistazo al horizonte pudo ver el gran movimiento talásico, además a los mastodontes marinos como puntos blancos con negro y al gigante rey de los mares.

   -¡¡¡Peligro, peligro….peliiiiiigrooooo!!! –gritaba desesperado señalando con una mano hacia la tragedia y con la otra tenía agarrado el telescopio.

Al principio nadie le hacía caso, pero ante la persistencia de los tremendos gritos, empezaron a comprender la inminente desgracia que se les venía a toda velocidad. Otro de los marineros en la cabina de control alertaba sobre simultáneos tsunamis que podrían sumergir todos los puertos de la costa e inundar varios kilómetros de tierra adentro.

  -¡¡¡Alerta, alerta….se aproximan tsunamis a la costa!!!….¡¡¡Evacuen el área….repito….evacuen las playas!!! –vociferaba el marinero desesperadamente, mientras crecía el pánico en aquel barco y en general en todas las embarcaciones.

En tres minutos todos los bañistas estaban alarmados. En siete minutos toda la costa estaba informada. En diez minutos era el tema general del mundo. Los almirantes, capitanes y jefes de las embarcaciones dieron la orden de retornar a puerto. Y de otro lado, cada vez estaban más cerca las orcas gigantes, impulsadas por los tsunamis y dirigidos por el mismo Poseidón, quien saboreaba cada segundo de terror de los peruanos. Gracias a la información dada a la Marina, en todos los litorales se evacuó a la población hacia tierras altas. Sin embargo, quedaban los más valientes a proteger los puertos y en las costas levantaban una muralla para contrarrestar las gigantescas olas que ya estaban por llegar. Sólo un milagro los salvaría de la muerte. Y fue un milagro lo que se presentó ante sus ojos. Sucedió que en medio de una gran niebla que se había generalizado en todo el litoral, aparecieron decenas de barcos de guerra del tamaño de portaviones. Y en cada barco había marinos legendarios comandados por un Miguel Grau. Así como lo leen. Con su uniforme de almirante y su barba característica. Dirigiendo en cada barco a sus tripulantes, quienes seguían las instrucciones del rejuvenecido hombre de mar.

-¡¡¡Preparen los cañones!!!…..¡¡¡Fueeeeegooooo!!! –gritaba cada Grau con un fervor patriótico muy parecido a sus días de vida.

     Y los cañonazos empezaron a hacer blanco en las orcas gigantes, en los tsunamis y en el mismo Poseidón. Se oía el ensordecedor ruido de los cañones, lanzando velozmente los disparos, que cortaban la atmósfera y la neblina a su paso. Y aquellos marinos gritaban ferozmente porque estaban derrotando a Poseidón. Sin embargo, el rey de los océanos no se dejaría vencer fácilmente. Así que se transformó en un pulpo gigantesco y con el impulso de los tsunamis se aproximó a la costa chalaca y empezó a zarandear y golpear con sus tentáculos a los barcos de guerra como si fueran juguetes de tina. Y al ver ese espectáculo el ejército de Graus se congregó casi como volando y convergieron en un solo cuerpo, que formaron un gran coloso súper Grau. Y de héroe pasó a superhéroe, y al ver a Poseidón convertido en pulpo gigante, él se transformó en un tiburón dantesco y asesino. Se aproximó a toda prisa hacia su enemigo y lo devoró de tres mordiscos. Parecía que súper Grau había estado con hambre. Y hasta eruptó los gases intestinales, y de entre esos eruptos brotó una nube que se elevaba hacia el firmamento. Era Poseidón derrotado, quien no tuvo más remedio que huir humillado, molesto y un tanto admirado ante el poder de su adversario. Y como despidiéndose de los peruanos retomó nuevamente la forma humana de gigante y levantó el pulgar con la mano derecha, en señal de triunfo. Ante este gesto los marinos y hombres de mar laureaban su nombre:

     -¡¡¡Súper Grau!!!, ¡¡¡súper Grau!!!….¡¡¡súper Grau!!! –vitoreaban alegres y satisfechos por los resultados y por el espectáculo único que vieron sus ojos.

Y así el mar que lleva su nombre ahora ya está fuera de peligro. Así como Grau hizo honor a su imagen como héroe, así nuestros demás héroes de la historia están esperando su turno, y más aún que nosotros también nos volvamos héroes día a día con nuestras buenas acciones, en pro del ecosistema y de la misma raza humana.