Sueño surrealista

Parecía estar caminando sobre el techo del firmamento, y teniendo sin más compañía a los satélites de Júpiter. Todo era un telúrico silencio, caminando estático en todas direcciones, y de pronto apareció el hombre invisible. Me saludó con un estrechón de manos, se volvió a poner su sombrero invisible y se retiró a continuar su rumbo maculado de huellas fosforescentes. Luego, el silencio llegó haciendo más ruido que de costumbre, hasta quemar el último cartucho.

Nada hubiera estado dentro de lo anormal, de no ser por aquellas personas que seguían descansando en sus tumbas. Repitiendo el mismo sueño una y otra vez, en que volaban silbando hasta la parte oculta de Selene. Con mucha suerte esperaba que algo me despertara, así que decidí gritar a voz en pie, ya casi con el cuello inflamado y nada de lo que hice le sorprendió a las pocas 7 mil millones de personas que me rodeaban verticalmente. Y tal como terminó este último sueño, comenzó el primero, pero con 40 grados de temperatura, y al borde del paroxismo capilar.

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