El Susto

Camina el poeta por las calles, tiritando de frío y miedo. Muchos le observan, pero él no ve a nadie. Enciende un cigarrillo, pero el viento lo apaga. Enciende nuevamente y vuelve a apagarse. Lo tira al suelo. Luego se detiene al pie de un árbol, que era robusto pero no muy alto, de hojas verdes, pero sin frutos. Para su asombro el árbol empieza a hablarle, hasta lo llama por su nombre. Era mágico y el poeta no da crédito a sus sentidos. Le pregunta cómo puede hablar, y cómo sabe su nombre. El vegetal le dice que sólo le habla a seres humanos con destrezas especiales, y que le concedería un deseo, lo que él pidiese. El poeta se alegra, pues era la oportunidad de su vida. Le pide que le quitara lo miedoso. El robusto madero lo mira fijamente y le dice que si desea ser un poeta valiente, tiene que darle un beso a la luna.  Ante tal solución se sorprende y le replica:

-¿Cómo puedo hacer tan fantástica proeza?

-Muy fácil, yo te voy a ayudar.

El árbol mueve una de sus frondosas ramas y le da en el trasero. En ese instante se despierta y rebuzna. Pues era un asno que soñó que era poeta.

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