Don Dinero

Bajo su gran sombra,

la tierra se conmociona,

y todo aquél que lo nombra,

las mentes revoluciona.

Es alma del comercio,

alegoría de bonanza,

nadie regala ni un tercio,

cada centavo a su panza.

Su poder es sorprendente,

manipula la razón,

no posee contendiente,

su dominio da sazón.

Espada de la clase noble,

en la ciudad está su imperio,

es fuerte como roble,

su rechazo es improperio.

Qué infierno es su carencia,

cómo agobia los hogares,

pero al brillo de una herencia,

dan brincos en los bares.

Al trueque reemplazó,

su forma es moneda o billete,

y quien noviazgo alcanzó,

no necesita ramillete.

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