Crónica de un basketbolista

Allá por el año 1987 empecé a interesarme por el basket como un deporte divertido y lleno de sorpresas. En ese tiempo estaba en el colegio en 5to de primaria. Tal vez me entró la moda porque mi hermano mayor lo practicaba. El asunto es que este deporte empezó a acaparar mi atención como no me lo había imaginado. Hasta me compraron mi propia pelota, la cual me duró por mucho tiempo, pero ya ni recuerdo que fue de ella.

Tenía mis compañeros de salón que también “basketboleaban” y todos nos divertiamos juntos. Luego pasamos a secundaria y ya teníamos derecho a estrenar canchas de las ligas “mayores”, por lo que empezábamos a jugar en campos donde los tableros estaban muy arriba con sus respectivos aros y líneas pintadas en el piso. Nos gustaba jugar a la quinela y al reloj. En las dos se ponía de manifiesto la destreza de nuestros lanzamientos con la pelota. A veces ganábamos y a veces perdíamos. Así era el asunto.

No obstante, mi problema era que soy corto de vista y supongo que eso me restaba versatilidad al momento de mis lanzamientos. Cuando estábamos en I de secundaria fue que tuvimos el mejor equipo, pero como todos los años nos cambiaban de grupo, entonces siempre variaba la selección. Llegó V de secundaria y en ese tiempo yo usaba lentes de contacto. Sin embargo, en los días en que me tocaba Educación Física y nos dejaban libre para hacer deportes, yo me quitaba uno de mis lentes por miedo a que se me cayera.

Fueron tiempos de gran competencia. Fueron tiempos en que el tamaño del jugador si importaba. Yo no era alto ni chato, pero ahora que soy adulto y ciudadano estoy entre los altos. Y yo desde que estaba en primaria siempre me preocupé de ser un buen lanzador. Me quedaba a la salida y practicaba los tiros a la canasta. Con el tiempo fui mejorando. Y otro de mis problemas en secundaria fue que yo sufría de los bronquios, por lo que siempre me cansaba rápido. Entonces tenía mi “talón de Aquiles”. Sin embargo, tengo grandes recuerdos de esas épocas -de no ser por la vez que me robaron mi pelota nueva Wilson en la calle cuando tenía 13 años- y permanecerán en mi memoría hasta que Dios me de vida en la Tierra. Tal vez no llegué a ser como Michael Jordan, pero valió la pena el esfuerzo y también me divertí con tantos lanzamientos en aquellas canchas de mi colegio, que fueron testigos de la acción y la destreza basketbolística.

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